Mapas Urbanos

Contra-cartografías

Por encima de todo, las contra-cartografías consideran el proceso cartográfico como un acto intrínsecamente político

Por un lado, los mapas pueden ser entendidos como instrumentos al servicio del poder, como se ha explicado desde la denominada “cartografía crítica”. Desde esta perspectiva, las contra-cartografías suelen centrar sus críticas en las propias convenciones cartográficas (como demostró Peters con su controvertida propuesta), en denunciar las relaciones de poder del proceso cartográfico o en los efectos injustos de determinadas políticas que utilizan los mapas para justificar una visión particular e interesada del mundo.

Fuente: http://www.radicalcartography.net/

Por otro lado, los mapas también pueden utilizarse para combatir los efectos de las representaciones cartográficas, ya sea visibilizando experiencias no presentes o silenciadas en la cartografía oficial, utilizando los mapas para desestabilizar relaciones de poder, o incluso utilizando el mapa como una herramienta útil para el activismo político, capaz de repensar, imaginar y plantear alternativas distintas a la realidad actual.

Así, una de las posibilidades de utilizar los mapas para mostrar otras visiones y representaciones alternativas a las oficiales es sembrar dudas sobre la exactitud y objetividad de las bases cartográficas más frecuentes, permitiendo que otras voces puedan hablar en igualdad de condiciones.

El concepto de « contra-cartografía » fue introducido por Peluso (1995) para identificar un conjunto de prácticas cartográficas desarrolladas en Kalimantan (Indonesia) por activistas locales, en algunos casos con ayuda internacional, que eran producidas para contrarestar las cartografías oficiales sobre los bosques en los que habitaban y los efectos que estas representaciones tenían sobre sus vidas.

Aunque los mapas elaborados por los organismos públicos en principio perseguían objetivos técnicos (una gestión adecuada de la explotación de los recursos forestales y una clasificación de los usos del suelo de la región), estas representaciones también tenían importantes consecuencias ecológicas, económicas e identitarias para sus habitantes. Por ejemplo, determinadas prácticas agrícolas, diferencias étnicas o el uso de recursos naturales con técnicas ancestrales que han sido silenciadas en las cartografías producidas en un contexto post-colonial, y que no siempre han sido capaces de plasmar en los mapas la complejidad, flexiblidad y heterogeneidad de las experiencias que tienen lugar en los territorios representados

Como respuesta, algunas comunidades indígenas en Indonesia habrían intentado apropiarse de las técnicas y el lenguaje utilizado por la administración para visibilizar y dar voz a sus demandas y expectativas respecto a una zona que se había gestionado durante siglos de manera tradicional y que no siempre estaban correctamente reconocidas.

Pero la contra-cartografía, entendida como el uso activo del mapa y de las prácticas cartográficas como herramientas para cuestionar, denunciar, o plantear alternativas ante una situación de opresión o conflicto, no es en absoluto un fenómeno reciente. El poder de los mapas para visibilizar diversos aspectos de la realidad ha sido utilizado desde hace décadas por colectivos muy diversos, como la comunidad artística, los colectivos ciudadanos o la propia disciplina cartográfica.

Algunas propuestas recientes de colectivos como “Counter-cartographies”, “Floating Sheep” o los trabajos de Bill Rankin en su proyecto  “Radical cartography”, situadas entre la academia y el activismo artístico, han tratado de desarrollar, a través de representaciones y propuestas innovadoras, imaginativas y con un cierto sentido del humor, experiencias alternativas que cuestionen y pongan en evidencia las relaciones entre la cartografía y el poder, o las limitaciones del lenguaje cartográfico para representar la realidad.

Pero para algunos otros autores, sin embargo, también es importante considerar los efectos y las limitaciones de las propias contra-cartografías ya que -a pesar de su interés para reivindicar el derecho a los recursos y las identidades propias de, por ejemplo, las comunidades indígenas- su uso en determinados casos puede tener incluso efectos contraproducentes.

Dadas las limitaciones de los mapas para expresar conceptos y experiencias complejas, fluidas o ambiguas, que son justamente elementos esenciales en muchos conflictos sociales y espaciales, su representación cartográfica puede acabar oscureciendo o limitando las explicaciones o relaciones geográficas a distintas escalas entre las causas y los efectos, entre los poderosos y los oprimidos.

“La noria del pillaje”, Le Monde Diplomatique. Fuente: (Herb et al. 2009).

 

Referencias sobre contra-cartografías:

HARRIS, L. y HAZEN, H., 2005. Power of Maps: (Counter)Mapping for Conservation. ACME: An International E-Journal for Critical Geographies, vol. 4, no. 1, pp. 99-130.

HERB, G.H., HÄKLI, J., CORSON, M.W., MELLOW, N., COBARRUBIAS, S. y CASAS-CORTES, M.,2009. Intervention: Mapping is critical! Political Geography, vol. 28, no. 6, pp. 332-342.

PELUSO, N.L., 1995. Whose woods are these? Counter-mapping forest territories in Kalimantan, Indonesia. Antipode, vol. 27, no. 4, pp. 383-406.

SLETTO, B.I., 2009. “We Drew What We Imagined”. Current Anthropology, vol. 50, no. 4, pp. 443-476.

WOOD, D., 2010. Rethinking the Power of Maps. Londres: Guilford Press.

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